La gente feliz hace cosas diferentes: hábitos que nos ayudan a ser felices

El secreto de la felicidad es la piedra filosofal de la edad actual. Muchos la persiguen activamente y otros deciden dejarse llevar por lo que les surge en el camino. Pero, ¿Qué distingue a la gente feliz de la que no lo es?

Antes de nada, puntualicemos

Primero, dejaremos a un lado los factores socioeconómicos y los problemas o conflictos profundos que nos surgen a lo largo de nuestra vida. Si en esta época de tu vida, acabas de perder a un ser querido, difícilmente vas a sentirte feliz. Lo mismo sucede si estás pasando por graves dificultades económicas o tienes una grave enfermedad.

Hoy nos vamos a referir a esa felicidad que más o menos sentimos día a día, olvidándonos de los reveses que nos desalientan y de enfermedades como la depresión.

¿Qué es lo que nos da la felicidad?

Indudablemente la seguridad financiera proporciona a muchas personas el tiempo para concentrarse en su crecimiento personal. Ya no somos cazadores-recolectores que se han de preocupar por dónde encontrar alimento, sino que nos centramos en cómo vivir mejor nuestra vida. A pesar de este factor positivo, los libros de autoayuda se han convertido en una industria y el desarrollo personal es un negocio más grande que nunca.

Una de las paradojas de la vida es que la clave de la felicidad es hacer cosas que nos parezcan arriesgadas, incómodas u, ocasionalmente, malas.

Todd B. Kashdan and Robert Biswas-Diener

Una de las claves de la búsqueda de la felicidad es que no es exclusiva de ninguna parte del mundo en concreto: Personas de todos los rincones del mundo califican la felicidad como lo más importante, antes que otras cosas como tener éxito en la vida, hacerse rico o trascender.

Esta fiebre por conseguir la felicidad también se apoya en datos reales. La felicidad no solo nos hace sentir felices (valga la redundancia), sino que también nos proporciona otros beneficios, como una mayor probabilidad de éxito en otras facetas de la vida, un mejor funcionamiento del sistema inmunológico y una mayor creatividad.

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¿Qué entendemos por felicidad?

La mayoría de las personas creemos que la verdadera felicidad es mucho más que una mezcla de sentimientos positivos. Muchos la describiríamos como una sensación de “paz” y “satisfacción” que perdura a lo largo del tiempo.

Los eventos positivos dan un impulso a la felicidad y los sucesos negativos la hacen retroceder, pero en poco tiempo regresa al punto de ajuste natural de cada uno de nosotros.

De esta forma, si nuestra tendencia natural es ser feliz, sufrir un gran revés nos afectaría, pero nos repondríamos más o menos bien. En cambio, si nuestra tendencia es más bien al ostracismo y la tristeza, la felicidad que nos provoque un gran acontecimiento positivo, probablemente se vea ensombrecida a la larga por nuestro carácter.

Así que, independientemente de cómo la definamos, la felicidad es en parte emocional y, por lo tanto, está ligada a los sentimientos que cada individuo tiene en un momento en el tiempo. Por otro lado, la personalidad juega también un papel importante para conseguir la felicidad.

Es difícil, por no decir imposible, intentar manipular los aspectos ambientales de nuestra vida. Así que, una de las claves de la felicidad es intentar lograr este estado de felicidad desde nuestro interior.

La verdadera felicidad

La verdadera felicidad dura más que una explosión de dopamina, por lo que es importante pensar en ella como algo más que una simple emoción. En esencia es un estado de ánimo y, como tal, puede ser intencionada y estratégica.

Nuestro sentido de la felicidad incluye reflejos cognitivos, es decir: pensamiento que más o menos pueden ser intencionados y sobre los que podemos actuar. ¿Cómo calculamos nuestras expectativas en la vida? ¿Qué es lo que necesito para vivir bien? ¿Cómo aceptamos lo que no podemos cambiar? Y otros muchos factores.

Así que, independientemente de lo que nos suceda en la vida, la forma en la que reflexionemos sobre los hechos y sucesos que nos rodean, puede inclinar la balanza hacia un estado de bienestar (o al estado contrario).

Hábitos que nos proporcionan la felicidad

Además de intentar cambiar nuestra forma de ver la vida, también hay hábitos que nos pueden ayudar a mejorar nuestro “estado de felicidad”. Y es que somos un todo: lo que ayuda a nuestro cuerpo, también ayuda a la mente.

1.- Hacer ejercicio moderado

El ejercicio no es solo para tu cuerpo. El ejercicio regular puede ayudar a reducir el estrés, los sentimientos de ansiedad y los síntomas de depresión, al tiempo que aumenta la autoestima y la felicidad.

Incluso una pequeña cantidad de actividad física puede marcar la diferencia. No tienes que entrenar para un triatlón o escalar un acantilado, a menos que eso sea lo que te haga feliz, por supuesto.

El truco es no esforzarse demasiado. Caminar, paseos en bicicleta con los amigos o actividades de las que alguna vez disfrutaste (bolos, golf, bailar…) te yudarán a sentirte mejor.

2.- Comer pensando en el estado de ánimo

La elección de alimentos tiene un impacto en la salud física en general. Pero algunos alimentos también pueden afectar su estado de ánimo.

  • Los carbohidratos liberan serotonina, una hormona para “sentirse bien”.
    • Manten los carbohidratos simples (alimentos con alto contenido de azúcar y almidón) al mínimo, porque el aumento de energía que proporcionan es corto.
    • Los carbohidratos complejos, como las verduras y los cereales integrales, son mejores.
  • La carne magra, las aves, las legumbres y los productos lácteos son ricos en proteínas. Estos alimentos liberan dopamina y norepinefrina, que aumentan la energía y la concentración.
  • Los alimentos muy procesados o fritos tienden a hacer que se sienta deprimido.
  • Saltarte las comidas también afectará negativamente a tu estado de ánimo.

3.- Reconozcer que los momentos infelices existen

Una actitud positiva es generalmente algo bueno, pero a todos nos pasan cosas malas. Es solo parte de la vida. Si recibes malas noticias, cometes un error o simplemente sientes que estás de mal humor, no intentes fingir que estás feliz.

Reconoce el sentimiento de infelicidad y experiméntalo por un momento. Luego, cambia tu enfoque hacia lo que te hizo sentir de esta manera y qué podrías necesitar para recuperarte.

¿Ayudaría un ejercicio de respiración profunda? ¿Un largo paseo al aire libre? ¿Hablarlo con alguien? Recuerda, nadie es feliz todo el tiempo.

4.- Crear un ritual de descanso personal

Es fácil descuidar el cuidado personal en un mundo tan acelerado, sobre todo cuando nos sentimos mal. Pero tu cuerpo lleva tus pensamientos y tu espíritu a través de este mundo. ¿No se merece un poco de cariño?

Busca algo que te haga sentir bien. Por ejemplo: termina tu semana con un largo baño caliente, adopta una rutina de cuidado de la piel que te haga sentir bien o, simplemente reserva una noche para relajarte con una película.

Sea lo que sea, tómese un tiempo para ello. Ponlo en tu agenda si es necesario, pero hazlo.

5.- Reevalúa tus metas

¿Has planificado tus metas y obejtivos? ¿Tienes claro hacia dónde se dirige tu vida? Las personas cambian, así que tómate un tiempo y medita sobre lo que realmente quieres en la vida.

¿Es difícil ser feliz?

A veces, hacemos la vida más difícil de lo necesario. La felicidad no es un medio para conseguir un fin, porque no hay nada que se llame “Destino Feliz”.

Todos experimentamos momentos alegres y recuerdos felices, pero la vida se trata del viaje y de disfrutar de los pasos a lo largo del camino.

Cuando dejamos de lado nuestra visión limitada de la felicidad, aceptamos que la vida está llena de cambios, y algunos días son geniales, otros son buenos y algunos son malos. Y eso está bien. Cultivar la felicidad se trata tanto de manejar la adversidad como de abrazar la belleza en los momentos cotidianos.